#BWViolencia. Centroamérica, el corredor de la violencia

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No se puede desligar el actual desarrollo de América Central de la violencia. La región asiste desde hace más de dos décadas a una escalada de violencia que está condicionando la vida de los centroamericanos a todos los niveles. Sin otra salida que la resignación miles de personas conviven en condiciones de extrema vulnerabilidad en una región en la que la violencia es un factor condicionante en su quehacer diario. Los gobiernos centroamericanos, incapaces de ofrecer una respuesta adecuada al reto al que se enfrentan, aplican de forma cíclica políticas de mano dura que priman las políticas de seguridad sobre la prevención en una región donde la corrupción política acentúa la distancia entre ciudadanía y clase política. Nadie cree que la política vaya a solucionar sus problemas (menos todavía la violencia) y nada parece indicar que la grave crisis en la que está sumida la región vaya a reconducirse.

El número de homicidios de la región es el más alto del mundo: Honduras, Guatemala, El Salvador y Belice albergan las ciudades más violentas y lideran desde hace años la lista de países con la mayor tasa de homicidios del mundo. La propia OMS considera la situación de Centroamérica como epidémica y sólo Costa Rica se aleja a duras penas de los niveles de violencia de sus vecinos; unos niveles inasumibles para cualquier sociedad. Muestra de ello son los 30 asesinatos diarios que de media se produjeron en el mes de agosto en El Salvador, que superará a finales de año a Honduras en el dudoso honor de ser el país con la mayor tasa de homicidios.

¿A qué se deben estos niveles de violencia? Varios factores son responsables de ello: la aparición de las maras en los años 90, producto de la deportación masiva de inmigrantes centroamericanos en Estados Unidos vinculados a grupos pandilleros estadounidenses; la corrupción política y policial; los elevados niveles de desigualdad; la pobreza en áreas urbanas marginales de las principales ciudades centroamericanas; la irrupción de los cárteles de la droga mexicanos, la falta de seguridad en amplias zonas de la región, etc. Un cóctel explosivo que convierte a Centroamérica en un lugar muy difícil para crecer y muy fácil para morir.

Las consecuencias de más de dos décadas de violencia son evidentes en amplias capas de las sociedades hondureña, salvadoreña y guatemalteca y tienen un elevado impacto económico y social, generando enormes pérdidas de productividad local, nacional y regional. A la vez implica enormes costos en seguridad pública y privada y en los saturados sistemas de justicia y de salud; incide negativamente en el índice de desarrollo humano, modifica estructuras y conductas sociales, genera serios problemas de salud mental y limita la libertad de movimiento de la población.

En los últimos años la violencia ha generado miles de desplazados forzados tanto dentro de las propias ciudades -donde cientos de personas se han visto obligadas a cambiar de barrio- como a otras zonas del país. El caso más dramático de esta realidad lo encontramos en El Salvador donde organismos internacionales como IDMC ha cifrado en más de 280.000 personas las que han tenido que desplazarse a otras zonas del país huyendo de la violencia cotidiana. A su vez la violencia ha empujado a miles de centroamericanos a buscar refugio en otros países, especialmente en Estados Unidos. En 2014 esta salida se tradujo en la llamada crisis de menores migrantes que llevó a más de 60.000 menores centroamericanos y mexicanos, especialmente hondureños, guatemaltecos y salvadoreños a iniciar un peligroso camino hacia el margen septentrional de Rio Bravo, con el fin (a veces imposible) de buscar mejores expectativas de vida al otro lado de la frontera. Con la finalidad de reducir este flujo migratorio y disminuir los niveles de violencia en origen Obama impulsó un plan de combate a la pobreza y violencia junto a los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador. A día de hoy este plan sólo ha conseguido alcanzar una de sus metas, reducir el número de menores que hacen la travesía, pero la violencia en Centroamérica sigue aumentando.

Estos son algunos de los puntos que queremos tratar en el próximo BeersAndWorld. Para ello contaremos con dos personas que han vivido de primera mano la realidad centroamericana desde diferentes experiencias profesionales:

Edu Ponces (@eduponces) fotoperiodista de RUIDO Photo, quien fue jefe de fotografía del periódico El Faro, un referente de periodismo de investigación en El Salvador.

Sergio Maydeu (@maydeuO) miembro de BeersAndWorld y analista de conflictos.

Modera #BWViolencia Gemma Pinyol (@gemma_pinyol) miembro de BeersAndWorld

Os esperamos el próximo lunes 16 a las 19 horas en Inusual Project (Carrer Paloma 5)

BWViolencia

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