#BWXina. Hacia dónde va la China de Xi Jinping

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Tras ser nombrado presidente de la República Popular de China a finales de 2012, Xi Jinping anunció un paquete de reformas ambicioso. Las reformas abordan cambios en los terrenos educativo y social, flexibilizando políticas obsoletas, como la del hijo único o el estricto examen pre-universitario (gaokao). Pero las más insidiosas son las políticas dictadas en los terrenos económico, fiscal, judicial y militar. Hacer frente a la ralentización de la economía mundial y modernizar el ejército, a la vez que frenar la corrupción, son los principales retos del país para salvaguardar la unidad y continuidad del Partido Comunista Chino.

En el terreno económico, el principal objetivo ha sido introducir prácticas más propias de un modelo de economía de mercado, aun manteniéndose bajo el paraguas del Partido. En lo militar, la reorganización del Ejército fue prioritaria. Con el desfile militar del pasado 3 de septiembre por las principales calles de Pekín, Xi quiso dar un doble mensaje: mostrar la fortaleza militar del país ante la comunidad internacional y reafirmar dentro del país el apoyo del Ejército de Liberación Popular al régimen. La campaña anticorrupción, por su parte, está siendo criticada desde varios sectores, incluidos militares, funcionarios y familias poderosas del país, que ven erosionada su influencia y debilitada su posición económica.

Pero sin duda, el mayor reto al que se enfrenta Xi es la ralentización de la economía, que agrava todos los demás. China se encuentra en un proceso de remodelación y readecuación en la búsqueda de un nuevo modelo de crecimiento.

En la última década el modelo económico chino, caracterizado por un crecimiento impulsado por las exportaciones y la inversión en detrimento del consumo interno, empezó a mostrar algunos límites que, en verano de 2015, han tomado un cariz preocupante con la intervención en los mercados bursátiles y la devaluación del yuan. Con la reorientación política adoptada desde 1978 por Deng Xiaoping, China introdujo reformas liberalizadoras y de apertura económica basadas en una mano de obra barata, unas exportaciones favorecidas por una divisa infravalorada, y la absorción de procesos de deslocalización. Ninguno de estos activos actúa ya de motor de la economía china.

También han surgido enormes retos sociales y medioambientales derivados de la acelerada industrialización, que han generado un creciente clima de inestabilidad interna y han acentuado los desequilibrios territoriales entre la zona oriental, desarrollada e industrializada, y la zona occidental, subdesarrollada y agrícola, así como entre el mundo rural y el urbano. Además, el rápido crecimiento económico ha sido caldo de cultivo para la corrupción en gobiernos locales y provinciales, que disponen de un amplio margen de maniobra en la implementación de los planes económicos.

Las reformas financieras se iniciaron ya en 2007, con medidas que atrajeron el interés de inversores extranjeros. El resultado fue una apreciación del yuan de aproximadamente un 25% respecto al US$ entre 2011 y 2015, que combinada con el hundimiento de la demanda en Europa y Estados Unidos ha puesto entre las cuerdas al modelo exportador chino y ha obligado a una triple devaluación competitiva del 4,6% del yuan para mantener los objetivos marcados de crecimiento. En diciembre de 2014, asimismo, se implementaron acciones para favorecer una mayor apertura del mercado de capitales y del sistema financiero, el establecimiento de bancos privados, una mayor liberalización de los mecanismos de formación del tipo de cambio y de los tipos de interés del renminbi y la creación de nuevos productos financieros.

Una de las más recientes iniciativas adoptadas por el gobierno chino a nivel internacional es la creación del Asian Infrastructures Investment Bank (AIIB) como parte de una gran estrategia para desarrollar la Ruta de la Seda del siglo XXI mediante la financiación de una red de autovías, ferrocarriles, puertos y otras infraestructuras que conecten China con el sudeste asiático, Asia central y del sur, Oriente Medio y Europa. Sin embargo, la creación del AIIB no marca el fin del siglo americano y el inicio del siglo asiático como se ha llegado a afirmar, aunque representa un paso más en el sorpasso chino de las organizaciones del sistema de Bretton Woods. Pekín ha optado por crear su propio tablero de juego más acorde con su creciente influencia económica, política y cultural. Pero los síntomas de agotamiento de su modelo económico y los ingentes retos que tiene que afrontar el país en los próximos años permiten augurar que más que en el siglo asiático nos adentramos en el siglo de la interdependencia global.

Estos son algunos de los temas que intentaremos abordar en un nuevo Beers and World el próximo 6 de octubre en L’Industrial. Luis Torras y Manel Ollé, con la moderación de Eva Soms, intentarán poner algo de luz sobre una de las grandes potencias actuales y cuáles pueden ser los pasos a seguir por su actual gobierno. ¡Os esperamos!

BWXina

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